Gambito Social
Desde hace tiempo, hemos estado leyendo comunicados y declaraciones que citan cifras del sistema educativo uruapense con un propósito preciso: dotar al Teleférico de Uruapan de una legitimidad social que, hasta el momento, sus promotores han sido incapaces de construir con argumentos propios. La mecánica es conocida en el repertorio de la retórica oficial: ante una obra cuestionable, anudar su destino al de un problema incontestable. La educación de los niños y jóvenes de Michoacán resulta, en este caso, la víctima involuntaria de ese nudo.
La obsesión por vincular un problema social con una solución verticalista, en el sentido más literal del término, puesto que el teleférico literalmente sube y baja, se ha apreciado en dos grandes indicadores educativos: la matrícula de estudiantes y el abandono escolar. Cada uno de ellos merece un examen detenido, porque en cada uno de ellos las autoridades han dicho, con distintas palabras, aquello que los datos simplemente no respaldan.
I. EL PRIMER NUDO: LOS NOVENTA MIL ESTUDIANTES QUE NO EXISTEN
La primera afirmación que circuló con fuerza institucional fue que el teleférico beneficiaría a hasta noventa mil estudiantes. La cifra es grande, sonora y políticamente atractiva. El problema es que no corresponde a la realidad del sistema educativo de Uruapan.
La matrícula total de toda la ciudad de Uruapan, en todos sus niveles educativos, alcanza apenas setenta y cinco mil estudiantes, de acuerdo con las Principales Cifras del ciclo escolar vigente publicadas por la Secretaría de Educación Pública federal.
Esto significa que, para materializar la cifra que ofrece la Secretaría de Educación de Michoacán, habría que conseguir que la matrícula urbana creciera un veinte por ciento adicional y que, además, la totalidad de esos estudiantes, absolutamente todos, sin excepción, viajara en el teleférico cada día. Dicho de otro modo: el estudiante que vive a tres cuadras de su plantel tendría que caminar hasta la estación más cercana, subir a una cabina, descender en donde el trazo este-oeste del cable lo permita, y después caminar de nuevo, posiblemente una distancia mayor a la que habría recorrido desde su casa si simplemente hubiese caminado directo a la escuela.
La geografía de Uruapan desmiente esta posibilidad con la misma contundencia que los números. El teleférico mide 8.4 kilómetros en sentido este-oeste. El libramiento de la ciudad, que apenas cruza por la mitad de su mancha urbana, mide 15.1 kilómetros de norte a sur. La obra inaugurada el dieciocho de abril de dos mil veintiséis, con seis estaciones —IMSS, Libramiento Oriente, Plaza Ágora, Presidencia, Centro y Mercado Poniente—, no cubre ni la mitad del diámetro urbano en la dirección que sí atraviesa. Pretender que sirve a la movilidad educativa de toda la ciudad es una imposibilidad geográfica.
Hay un tercer argumento que vuelve la afirmación todavía más difícil de sostener: la capacidad operativa del sistema. El teleférico cuenta con noventa y una cabinas, con capacidad para diez pasajeros cada una. Su capacidad máxima calculada es de veinte mil pasajeros diarios, con posibilidades de expandirse, según la demanda, hasta cuarenta mil, en dichos oficiales, que suenan difíciles de alcanzar. Para atender a los noventa mil estudiantes que las autoridades prometen, el teleférico tendría que multiplicar su capacidad cuatro veces y media. Crecer un cuatrocientos cincuenta por ciento sobre su techo proyectado no es una proyección ambiciosa: es aritméticamente inviable.
II. EL SEGUNDO NUDO: ABATIR EL ABANDONO ESCOLAR EN UN TREINTA POR CIENTO
La segunda afirmación que ha circulado en declaraciones oficiales sostiene que el teleférico contribuirá a abatir el abandono escolar hasta en un treinta por ciento. Se trata de una promesa de enorme trascendencia, si se piensa que el abandono escolar en Michoacán concentra décadas de esfuerzo institucional, inversión pública, programas federales y trabajo docente, sin que ninguna intervención aislada haya logrado resultados de esa magnitud.
La cifra del treinta por ciento de reducción en el abandono escolar no viene acompañada de ningún estudio. No se señala metodología, no se citan evidencias, no se presenta diagnóstico territorial alguno sobre las causas específicas del abandono en Uruapan.
El abandono escolar es un fenómeno multicausal. Sus raíces se encuentran en la pobreza, en la violencia estructural y cotidiana, en la falta de oferta educativa de calidad, en la necesidad de los jóvenes de incorporarse al trabajo, en las trayectorias fragmentadas que produce la precariedad. Una línea de transporte aéreo de ocho kilómetros de longitud, con un trayecto de veintisiete minutos, no incide sobre ninguna de esas causas. No da de comer, no ofrece seguridad, no mejora la calidad de la enseñanza, ni mucho menos, amplía las oportunidades de vida.
El magnicidio de Carlos Manzo, ocurrido precisamente en Uruapan, destapó con crudeza las crisis de trayectorias educativas, la exposición a la violencia, el abandono escolar y la estrechez de oportunidades en que vive buena parte de la población uruapense, especialmente la que está en edad escolar. Ese contexto exige políticas públicas de fondo, no declaraciones que vinculen un teleférico con una reducción porcentual de abandono sin un solo dato que la sostenga.
III. EL DERECHO A LA VERDAD COMO CATEGORÍA DE POLÍTICA PÚBLICA
Lo que está en juego en este debate va más allá del mérito o deméritos de una obra de infraestructura: es el derecho a la verdad como fundamento de la política pública.
Cuando una autoridad atribuye a una obra beneficios que no puede documentar, no solamente incurre en una imprecisión técnica: daña la credibilidad de la institucionalidad, distorsiona la conversación pública sobre las prioridades educativas y, en última instancia, traiciona a las familias y a los estudiantes cuyos derechos invoca para justificar sus decisiones.
El sistema educativo del segundo municipio más poblado de Michoacán merece una discusión seria, con cifras verídicas, con diagnósticos honestos sobre sus rezagos y sus avances, con propuestas que tengan alguna relación demostrable con los problemas que buscan resolver. Esa discusión no puede construirse sobre afirmaciones que la matrícula real desmiente, que la geografía urbana invalida y que la capacidad física del sistema hace imposibles.
La inversión de tres mil doscientos millones de pesos que representa el Teleférico de Uruapan exige, por su magnitud, una justificación rigurosa. No basta con invocar la educación como coartada. Basta con comparar: tres mil doscientos millones de pesos equivalen a la construcción de más de cien escuelas nuevas, a la dotación de infraestructura tecnológica para centenares de planteles, de dotarles 25 laptops a absolutamente todas las escuelas de Michoacán, de dar becas completas de 10 mil pesos mensuales todo el año para 26 mil estudiantes en riesgo de abandono, a programas de salud mental escolar que atiendan el impacto de la violencia que viven las comunidades uruapenses, seguidas de un largo etcétera.
IV. CONCLUSIONES: CUANDO LOS CABLES NO LLEGAN A LAS AULAS
Las afirmaciones emitidas por las autoridades de educación y movilidad del estado de Michoacán sobre el impacto del Teleférico de Uruapan en el sistema educativo local no superan el mínimo de rigor que exige cualquier política pública responsable. Los noventa mil estudiantes que se prometen no existen en las estadísticas oficiales. La capacidad del sistema no alcanza para atender a la matrícula real, mucho menos a una hipotética. El trazo geométrico de la obra excluye a la mayoría de los planteles del municipio. Y la promesa de reducir el abandono escolar en un treinta por ciento carece de cualquier sustento metodológico o empírico.
La educación es un derecho humano fundamental. Su nombre no debe prestarse para otorgar legitimidad a obras cuya justificación social no puede sostenerse por sí misma. Las autoridades en materia de movilidad y de educación deberían conocer con mayor profundidad la situación educativa de Uruapan: su problemática, sus cifras, sus indicadores y sus causas de abandono, antes de comprometer el nombre de ese derecho en campañas de comunicación que no resisten el contraste con los datos.
En apego a la verdad, y en respeto al derecho que le asiste a la sociedad de ser informada con veracidad, las autoridades deberían abstenerse de estas afirmaciones hasta contar con evidencias que las soporten.
El derecho a la verdad debe respetarse. Y es con políticas públicas directas al sector educativo, no con teleféricos de ocho kilómetros, como habrá de modificarse la situación que embarga al sistema educativo de Uruapan y de Michoacán. Actualmente, al teleférico uruapense y a la educación les une un cable mal amarrado y roto.
V. PROPUESTAS DE POLÍTICA PÚBLICA PARA URUAPAN
Primero. Elaborar un diagnóstico territorial integral del abandono escolar en Uruapan, escuela por escuela, que permita identificar las causas reales del fenómeno: económicas, de violencia, de trayectoria, de oferta y diseñar intervenciones con base en evidencia verificable y metodología transparente.
Segundo. Destinar recursos de inversión pública proporcionales a la magnitud del desafío educativo en el municipio: infraestructura escolar digna, conectividad en los planteles, equipamiento tecnológico, mantenimiento preventivo de edificios, sanitarios funcionales y espacios seguros para el aprendizaje. Estos son los insumos que reducen el abandono escolar, y la evidencia internacional así lo demuestra.
Tercero. Instrumentar un programa municipal de atención socioemocional y salud mental para estudiantes en contextos de violencia, en coordinación con las instituciones de salud, las organizaciones de la sociedad civil y las propias familias. El impacto de la violencia organizada en las trayectorias educativas de los jóvenes uruapenses es un factor determinante que ninguna obra de transporte puede atender.
Cuarto. Establecer un sistema de becas universales para estudiantes de educación media superior en Uruapan, vinculadas a la permanencia escolar y gestionadas con mecanismos de seguimiento individualizados. El apoyo económico directo a las familias en condición de vulnerabilidad es la intervención con mayor evidencia de impacto sobre la reducción del abandono escolar en contextos de pobreza. Especialmente, si se desea apoyar el traslado de los estudiantes, lo cual es evidentemente necesario en casos de familias en situación de pobreza, que se generan políticas de apoyo para transporte, que sean integrales: teleférico a quien le sirva, camiones suburbanos y combis a quienes les beneficien más. Que sea en especie y con imbricación a seguir cursando trayectorias educativas.
Quinto. Crear un Consejo Municipal de Educación en Uruapan, que incluya un observatorio, con participación de la sociedad civil, las universidades y el sector docente, que produzca datos públicos, verificables y comparables sobre la situación del sistema educativo local. La transparencia en los indicadores educativos es condición indispensable para la rendición de cuentas y para el diseño de políticas públicas que no se construyan sobre cifras que la realidad desmiente. ¡Uruapan merece una mejor educación!
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