Cuando se repite constantemente que “hoy es el día más triste”, muchas personas pueden comenzar a vivirlo desde esa expectativa
Sofía Martínez de Pinillos, colaboradora La Voz de Michoacán
Como cada año, a mediados de enero, vuelve a circular el mismo mensaje: “Hoy es Blue Monday, el día más triste del año”. En 2026, esta fecha se presenta el 19 de enero.
La idea suele manifestarse como si fuera un hecho objetivo, incluso respaldado por un cálculo matemático, que supuestamente permite identificar el momento exacto en el que las personas se sentirán más tristes o desmotivadas. Sin embargo, como psicóloga clínica recién egresada, considero importante analizarlo con mayor cuidado, ya que aunque el concepto se ha vuelto popular y llamativo, no existe evidencia científica sólida que compruebe la existencia de un “día más triste” universal.
El Blue Monday se difundió a partir de una llamada “ecuación”, atribuida a Cliff Arnall, en la que se intentaba combinar distintas variables para explicar el estado de ánimo durante este mes del año. Dependiendo de la versión, se incluyen factores como el clima, el nivel de deuda posterior a Navidad, el tiempo transcurrido desde las fiestas, el abandono de propósitos de Año Nuevo, la motivación, e incluso elementos como el tiempo de sueño, relajación, estrés, retrasos o carga de actividades.
Esta fórmula llama la atención porque está escrita en forma matemática, lo cual puede hacer que muchas personas la perciban como un argumento serio o validado. Sin embargo, este planteamiento ha sido ampliamente criticado, ya que las unidades no están definidas con claridad, las variables no pueden medirse de manera uniforme para toda la población, e incluso han circulado distintas ecuaciones en diferentes años, lo que cuestiona todavía más su consistencia. En otras palabras, la ecuación existe, pero hablando desde la psicología, esta no funciona como un modelo psicológico válido.
No obstante, que el Blue Monday no sea científicamente comprobable no significa que sea irrelevante. De hecho, su permanencia año tras año revela algo interesante, y es que muchas personas sí se identifican con la sensación que describe. Y aquí la explicación puede ser más psicológica que matemática.
Enero suele ser un mes complicado a nivel emocional, donde terminan las fiestas, se reduce la convivencia social, se regresa a la rutina laboral o académica, además se acumula cansancio y estrés, y aparece la llamada “cuesta de enero”, que no solo afecta lo económico, sino también lo mental y emocional.
A esto se suma la presión social de empezar el año con energía, siendo productivo y tratando de cumplir metas, lo cual puede generar frustración o autocrítica cuando las personas no logran sostener los propósitos iniciales.
También es importante considerar el peso del contexto social. Cuando se repite constantemente que “hoy es el día más triste”, muchas personas pueden comenzar a vivirlo desde esa expectativa. En psicología sabemos que la sugestión y las narrativas colectivas influyen en cómo interpretamos lo que sentimos, si esperamos un día pesado, podemos prestar más atención a lo negativo, sentir menos motivación o percibir con mayor intensidad el cansancio emocional acumulado. No porque sea una fecha extraordinaria, sino porque el mensaje se vuelve parte de la experiencia.
Por eso, en mi opinión, no creo que el Blue Monday sea una verdad universal ni una fecha científicamente determinada, pero sí considero que funciona como un reflejo social. Puede ser un recordatorio de que muchas personas atraviesan periodos de agotamiento emocional en silencio, especialmente al inicio del año. Lo importante es que este tema no se utilice para minimizar la salud mental, ni para confundir tristeza con depresión.
Un día difícil puede ser normal, pero cuando el desánimo se sostiene por semanas, cuando hay desesperanza constante, falta de energía intensa o sensación de vacío, es fundamental reconocerlo y buscar apoyo.
Al final, quizá la conversación más valiosa no es si existe el “lunes más triste”, sino por qué tantas personas se sienten así en este mes, y qué tan preparados estamos como sociedad para acompañar, escuchar y hablar de salud mental con responsabilidad. Porque más que una ecuación, lo que impacta el bienestar emocional son las circunstancias reales.
Sofía Martínez de Pinillos
Licenciada en Psicología Clínica